martes, 29 de mayo de 2007
cosas dominicanas (eres dominicano si...)
Si conoces la diferencia entre palito duro y palito latigoso, si a la casualidad le dices chepa, y has comido “jalao”, gofio, frío-frío de sambruesa, con-con; a la cotorra le dices cuca y al gato, aunque tenga nombre, lo llamas mishu, prefieres una Presidente “vestida de novia”, gustas de las habichuelas con dulce en cuaresma, jugaste fu-fú, yas, al trúcamelo, al topao y musa tataramusa, le dices a la barriga, ñoña o biyoya, te encaquetaron emulsión de “escó” cuando chiquito y “te dieron una pela con un caliso”, no lo pongas en duda, naciste en Quisqueya.
Si en tu casa había una vara para desollinar; con el término pájaro te refieres a un ave, un insecto, un homosexual o una chichigua grande; si al faltar a la escuela te ibas a “brillar”, te metían miedo con El Cuco, sabes que el Agua de Florida es utilizada para suerte y para “trabajos”, si disfrutas de un yaniqueque, o de un morisoñando, si sabes lo que es marotear y encaramarse en el cojollito, si has utilizado un musú, y entiendes cuando dicen: ¡qué bufeo!, ¡tá quillao!, ¡tá jevi!, sabes quien es Jack Veneno y el Fortimalt, conoces la Choco Rica, volaste capuchino o chichigua, entiendes la postura del cuerpo cuando se dice aplatao o añingotao, definitivamente tienes alma dominicana.
Si entiendes por “dar muela”, comprendes lo que es estar afisiao, tá cundío, comerse un cable, estar fuñendo, lo que es amemao y alitraniao, no hay duda que entiendes lo que es refreco rojo o colorao y lo has bebido con calimete.
Si has oído llamar a los plátanos trozos, si los amigos cercanos son canchanchanes, cuando muchacho hiciste tirapó, sabes que allantoso, bultero y aguajero son sinónimos, conoces el embuchao de mayo y el emparche, el romo y el pintintín, definitivamente te criaste en algún lugar del territorio dominicano.
Si por mamey entiendes el color naranja, y sabes distinguir entre verde botella, amarillo pollito, blanco nevera y azul bolita; si comiste choco-choco, masita o añuga perro, no hay dudas, eres dominicano, pasional y llevas el ritmo en la sangre.
domingo, 6 de mayo de 2007
Apodos
SANTO DOMINGO.- En la sala de espera de un consultorio médico, la secretaria llama insistentemente a José Francisco Encarnación porque llegó la hora de su turno. Nadie responde, y ella decide darle la oportunidad a otro paciente. Cuando la persona se apresura a pasar, un señor se para y le reclama a la secretaria que él llegó primero que la señora que acaba de entrar. Sorprendida ella le pregunta ¿cuál es su nombre?, a lo que éste contestó rápidamente, Fico.
Inteligentemente ella reaccionó y le preguntó “por casualidad su nombre de pila es José Francisco Encarnación. Lo pensó un poco y luego con un dejo de vergüenza le respondió, “sí ese es mi nombre, Dios mío es que estoy tan acostumbrado a que me digan Fico, que hasta se me olvida cómo me llamo”.
Con esta anécdota, el sociólogo Juan Pablo Pujols, explica cuán importante se tornan los apodos, al punto no sólo de sustituir al nombre, sino también de influir en la personalidad del individuo. Su uso siempre ha existido, sobre todo, en América Latina.
Pujols comenta que el uso de los sobrenombres siempre tiene un porqué. Cuando no es que se deriva del nombre de pila de la persona, es que lo impone alguien en la familia. Pero también la ocurrencia de una situación puede desatar un apodo imborrable.
Una anécdota explica esto. “En un grupo de amigos uno de los muchos hacía muecas constantes con la boca, y cuando se le preguntó sobre lo que le pasaba, dijo ‘estoy ma’cando chicle’. De eso hace más de 20 años y todavía a Freddy, le decimos ‘maca chicle’ y eso será hasta que se muera”, comenta Pujols.
Hasta la procedencia del pueblo de donde viene la persona, origina un apodo. Y tiene razón el sociólogo. Si no pregúntele a muchos de los que laboran en la Redacción de LISTÍN DIARIO, cuál es el nombre de pila de “El maeño”. Y nos podemos ir más lejos, ya hasta él se cree que ese es su nombre, pues hasta sus archivos los firma con sus “iniciales”, “mao...”.
Una vez se estampa el apodo, comienza la gente a desplazar el nombre propio, al punto que son frecuentes los casos en los que por ejemplo, una persona llama por teléfono a la casa de Daniel y cuando pregunta por él, le contestan que ahí no vive nadie que se llame así. Pero resulta que esa era una llamada importante, y cuando Daniel pregunta que si le llamaron, le dicen que no, porque obviamente nadie ha preguntado por Moreno.
Lo sicológico
La parte sicológica también cuenta cuando se habla de apodos, sobre todo cuando se estima que éstos influyen en la personalidad de quien los lleve. En tal sentido, Altagracia Rojas, profesional de la conducta, asegura que definitivamente los sobrenombres al igual que los nombres, tienen una gran incidencia en la forma de ser de las personas.
Sin embargo, aclara que esto no se da en todos los casos, pues hay quienes con un nombre fuerte, hacen gala de un carácter débil o quebrantable.
Cuando se refiere a la influencia, explica el concepto con un ejemplo, “a una mujer que le digan “La Gonga”, como le apodan a una joven que conozco, indiscutiblemente, que el sobrenombre hace alusión a una persona con cierto tigueraje, por decirlo en buen dominicano”. Entonces reflexiona, que de esa manera también será tratada, y que de acuerdo a cómo la traten, así será su accionar. Es como si se tratara de un círculo vicioso. “Yo te trato como te dicen y tu actúas como te tratan”, puntualiza Rojas.
Sostiene que es tan complejo el asunto de los nombres y los sobrenombres, que hasta cuando se tiene un nombre más que raro, insólito, la persona tiende a avergonzarse de él y esto en ocasiones, repercute en su forma de ser, convirtiéndolo en una persona tímida.
Pero también se da el caso de personas que hasta ellos mismos se burlan de sus nombres, y disfrutan cuando la gente se ríe o se sorprende al escucharlo. Por ejemplo, “los compañeros de escuela de Eustaquia gozaban, cuando al pasar la lista, ella se agachaba debajo de la butaca, disque para que nadie supiera que era ella la dueña de ese nombre. Pero con el relajito, era la líder del curso y todos les decía Eu”, dice Rojas.
La sicóloga opina que precisamente esos nombres insólitos o los llamados feos, son los que muchas veces llevan a las personas a auxiliarse de un apodo que, aveces es otro nombre, pero común o más bonito.
Aunque no está en contra de los apodos, entiende que hay que saber que éstos pueden hasta frustrar a una persona, sobre todo cuando hacen referencia a un término vulgar. De chiquito, quizás la persona lo acepte o responda cuando se le llama por él, pero después de crecer, puede que se rebele para que le digan su nombre propio.
Y es, que según expresa, tanto los apodos como los nombres insólitos, pueden incidir hasta en el éxito de una persona. Por ello es que considera que al menos respecto a los apodos, debe tenerse en cuenta cuándo llamar a una persona por un sobrenombre y cuándo hacerlo por su nombre propio.
Entiende que algunos son cariñosos y hasta graciosos, pero que hay otros, sobre todo los que están precedidos por un artículo como por ejemplo “La chula”, que tienden a ser un tanto despectivo y de poco respeto. Los que hacen alusión a los defectos físicos suelen ser de muy mal gusto y en ocasiones hasta hirientes, que pueden causar hasta un daño emocional.
Nombres insólitosEn su página jose.llibre.googlepages.com, José Llibre ofrece una larga lista de nombres insólitos dominicanos, y aprovechamos para tomar 15 de éstos, como una mínima muestra de cuán raros pueden ser.
Acoronda
Abenego
Baldolindo
Benedora
Castawanda
Casalinoabo
Regustiano
Raidacela
Reutiquio
Yafraida
Ybonia
Ycila
Umildo
Ubardina
Yaquilandia
Algunos apodos
Gonga
Chula
Mami
Moñonga
Tatiloso
Capullo
Sobao
Nego
Chabico
Conchú
Peloteros
Rafael Landestoy: “El Guaguá”
Miguel Tejada: “La Guagua”
Luis Polonia: “La Homiga Atómica”
Winston Llenas: “Chilote”
Osvaldo Virgil: “El Orégano” “La Piedad”
TESTIMONIO
Simplemente, Cuqui
Si les cuento que Emilio Nicolás Córdova Pereyra es una gloria de la crónica deportiva dominicana, quizás ni sepa a quien me refiero, pero si simplemente digo Cuqui Córdova, de seguro que inmediatamente sabe de quién se trata. Lo que sucede con él, es que su apodo ha tomado tanta fuerza que la gran mayoría, inclusive algunos familiares, no saben cuál es su nombre de pila.
"La Piedad"
“En una ocasión yo trabajaba en el Instituto Técnico Salesiano, y llegó un momento en que yo quería trabajar en otra área, y constantemente se lo socitaba a la persona que tenía que ver con lo que yo quería hacer, al punto que se lo pedía por piedad. Entonces él decidió llamarme ‘La Piedad’, y aunque cambié de trabajo me siguen diciendo así”. Felipe Martínez.
“El Vale de Quico”
“Desde pequeño mi papá comenzó a decirme ‘El Vale’, hasta que todo el mundo en San Víctor, en Moca, donde nací, me llama así, y para distinguirme de otra persona que tiene el mismo apodo, me dicen ‘El Vale de Quico’, ya que a mi papá le dicen así”. Aunque después que llegó a la Capital tuvo que acostumbrarse a que lo llamaran por su nombre, todavía después que pasa el peaje debe estar listo para “El Vale”. José Bautista.